lunes 23 de noviembre de 2009

Alan Watts





La mafia médica











sábado 7 de noviembre de 2009

¿Qué es el maíz para los mexicanos?


Uno de los rasgos más antiguos de los pueblos originarios es que nuestra vida es la siembra. Ser campesinos no es una actividad más. Toda nuestra visión milenaria y nuestra manera de relacionarnos con el mundo viene de ahí. Ser sembradores, desde siempre, producir nuestros propios alimentos, cuidando de la familia y la comunidad, nos hace ver el trabajo, las relaciones sociales, el espacio y el tiempo, de un modo particular. Los campesinos valoramos lo comunitario y en colectivo nos relacionamos con la tierra. La conversación con que se crió el maíz es también colectiva. En gran medida, quien siembra para comer no necesita trabajar por dinero para aquéllos que explotan su trabajo. Nuestra relación con la siembra, minuciosa y detallada, crea vida a diario y nos hace prestar atención a muchos signos. En cada una de nuestras tareas de cultivo se cumplen ciclos diminutos que dan orden, sentido, al paso largo de otros ciclos más grandes como el del sol durante el año, en un verdadero tejido de estaciones, climas, humedad. Los campesinos vemos detalles que la gente de las ciudades no mira. Ser sembradores, campesinos, es una espiritualidad completa, colectiva, comunitaria, que nos enfrenta de inmediato con los sistemas que nos quieren imponer tantas formas de relacionarnos. Esto nos da conciencia de ser diferentes, de resistir las imposiciones, nos hace ver claramente los ataques de los gobiernos y las empresas. Pensar que el maíz es sólo un “rasgo cultural” que hay que “comprender”, “tolerar”, en una época de “multiculturalidad”; proponer que la cultura o vía campesina es un aspecto del pasado al que hay que guardarle un nicho (si se pudiera en un museo, mejor) es no entender que nuestra vida sin maíz, sin siembra, no es vida. Ser sembradores no es folklore, es nuestra existencia entera.

Crianza mutua
El maíz no es una cosa, ni sólo una mercancía o un cultivo: el maíz es un tejido de relaciones. Se originó hace unos 10 mil años de la crianza mutua, de la conversación entre pueblos originarios de Mesoamérica y algunos pastos que, con el cultivo, se fueron haciendo al modo humano. Poco a poco aprendimos que el maíz es comunidad con el frijol, la calabaza, el chile y otras plantas, algunas medicinales. A esa convivencia los pueblos de México le decimos milpa y en otros lugares le dicen chacra. Esta crianza mutua entre campesinos (sobre todo las mujeres) y maíz hizo que éste dependa de la gente para cumplir su ciclo de vida y ya no se da silvestre. Es una crianza mutua que han ejercido muchos pueblos diferentes, por eso el maíz es tan variado y los pueblos florecieron tanto en la historia: su diversidad cultural y la del maíz se alimentan mutuamente.

Su versatilidad
El maíz tiene sus parientes silvestres, pastos no comestibles que se encuentran todavía en México, Guatemala y Nicaragua, y su permanencia da esperanzas de que el maíz siga vivo. El maíz de nuestros días es muy versátil: rinde mucho, es muy nutritivo y se adapta a variados ambientes: es tan noble que se esparció por toda Mesoamérica y gran parte de América del Sur y del Norte. Cuando se conoció el maíz en el Viejo Mundo, todos quedaron impactados por la facilidad con que se prepara, lo mucho que rinde a partir de unas pocas semillas, lo poco que se desperdicia pues tiene “su propia envoltura”, el tiempo que dura bien almacenado, la cantidad de nutrientes que proporciona. Puede cultivarse en muchos climas y humedades, del semi desierto a las selvas, en las tierras templadas del altiplano y las bajas tropicales. Madurar le lleva de cuatro a trece meses. Crece en planicies, en cañadas, en terrenos fértiles o pedregosos.
Dicen que hay más de 40 razas de maíz en México, y más de 250 en toda América. Hay más de 16 mil variedades. Entre los cientos de maíces tradicionales usados todos los días por los campesinos e indígenas de México existen blancos, rojos, amarillos, azules, negros, pintos, con mazorcas pequeñitas o que miden más de treinta centímetros, con granos dientones o finitos, con caña gruesa o delgada, más duros o más blandos.
Las hojas y raíces se usan como medicina (los cabellos del maíz tierno se usan como diurético y para disolver cálculos renales; combinado con otras plantas cura males hepáticos y biliares; los pistilos de la flor se utilizan como tranquilizantes). Bebidas de maíz se usan como sustituto para niños que no toleran la leche, la masa se usa para cubrir heridas; las mazorcas tostadas para madurar abscesos.
Hoy muchos pueblos de los países europeos, africanos y asiáticos dependen de él para sobrevivir. Es uno de los cuatro cereales que aportan más del 50 por ciento de toda la nutrición de la humanidad. En 18 países (12 de América Latina y 6 de África), es el principal alimento. Las variedades tradicionales, en especial de México, son la reserva más importante para criar maíz en todo el mundo.

El cuidado del mundo
La vía campesina en el mundo sigue siendo pujante todavía y hoy gran parte de la población mundial es campesina y somos nosotros, justamente esos vilipendiados cuidadores del mundo, quienes alimentamos al resto de la humanidad.
Si sucumbiéramos las comunidades indígenas que hemos cuidado del maíz escuchando su voz milenaria, el futuro de la humanidad estaría amenazado.
Hay colectivos que no le pedimos permiso a nadie para ser, por el solo hecho de tener un cultivo del cual nos alimentamos como fruto de labores comunitarias, sin depender del exterior casi para nada. Esto nos permite cuidar nuestra comunidad, nuestro territorio, el bosque, el agua, los seres vivos materiales y espirituales, la biodiversidad y nuestros saberes tradicionales y contemporáneos que son toda una manera de asumir la vida. El impulso vital que existe entre la milpa (que es también una comunidad) y la comunidad humana, tiene un corazón político y social inagotable, por eso, después de 10 mil años en que nuestras semillas siguen vivas, hoy sembrar maíz con nuestras propias semillas es un asunto político.

La guerra contra los campesinos.
Despojados de vastas extensiones de nuestro territorio ancestral los pueblos indígenas seguimos sembrando maíz en las laderas y en las terrazas, a veces en condiciones muy difíciles. El maíz lo ha resistido todo.
Las grandes empresas y los gobiernos decidieron que quienes sembramos maíz nativo —con tantos saberes que le dan vida— debíamos irnos del campo pues sólo producíamos para la comunidad sin entrar al mercado. Quieren que la gente que sembramos nos vayamos a la ciudad a las fábricas o a las grandes empresas agrícolas a trabajar semi esclavizados, y así poder quedarse con nuestro territorio y con todas las riquezas que ahí se encuentran.
Desde los años cincuenta, los gobiernos y las empresas, cómplices, engancharon a los campesinos a comprar semillas llamadas híbridas, que al principio rendían más pero después sólo con mucho fertilizantes y plaguicidas industriales apenas muy poco. Los suelos se erosionaron y se hicieron dependientes de esas drogas, que muchos compran año con año para que los terrenos rindan.
Hoy, los campesinos que tienen menos posibilidad de sobrevivir son quienes cambiaron sus semillas por las híbridas y se metieron a pagar año tras año por bultos de esos agrotóxicos, desgastando sus suelos. Comenzó a ser muy difícil vivir del maíz y la gente vació muchas comunidades y perdió su ser más antiguo: ser sembradores. Con las tecnologías de la Revolución Verde se despreció la enorme sabiduría que sustenta los maíces nativos, se impusieron formas de cultivo y consumo muy emparejadas, se destruyeron muchos modos que las comunidades tenían para mantener, mejorar y compartir las semillas.
La privatización de la tierra abrió de nuevo la especulación agraria, las invasiones y expropiaciones, y dio entrada a los megaproyectos que hoy amenazan a cualquier comunidad rural cuyo sustento sea la agricultura. Se extremó así la creciente marginación social en el campo. Se provocó la expulsión de mano de obra a las ciudades o a los campos de jornaleros, el vaciamiento de los territorios, fomentado también por la escuela oficial, que les inculca a niños y jóvenes que estudiar sirve para recibir un salario, dejar de ser campesinos e irse. Estas ideas arruinan de tajo la relación con la tierra y el orgullo de producir la propia comida.
La contaminación transgénica es la señal más alarmante porque es intencional. Los transgénicos desfiguran el maíz, agotan la variedad cuidada por siglos, su riqueza y significado. Promueven la dependencia total de las industrias, le quitan a la agricultura todo su sentido vital. Pero muchos mantenemos nuestro antiguo oficio y estamos en resistencia. Tal vez la clave es el cuidado detallado que campesinas y campesinos pusimos en el asunto, mediante un tramado de saberes que hoy día parecen misteriosos.

1. Sólo quienes están directamente involucrados en la siembra pueden hacer algo. La solución al problema de contaminación del maíz transgénico sólo puede ser resuelta en el largo plazo, y somos los pueblos campesinos e indígenas quienes podemos lograrlo, comunitariamente. Hay que impulsar una prevención y curación naturales, propias de la relación milenaria entre el maíz y los humanos, y para los casos de maíces deformes o semillas que les parezcan extrañas a las comunidades, se puede hacer un diagnóstico de laboratorio.
Repensar colectivamente que la cultura es fuerza política, económica, social y ecológica, y se sustenta en nuestro ser campesinos sembrando lo propio junto con la comunidad, cuyo corazón es la asamblea.

2. Recuperar la confianza en la semilla que sembramos. Detectar los maíces dañinos con la sabiduría de los viejos, abandonar los híbridos (y cualquier otra semilla ajena) regresando a los canales de confianza de intercambio y cuidado de las semillas. Como es un momento crítico, no basta hacer lo que siempre se ha hecho. Hay que reflexionarlo y aguzar la atención sobre nuestro maíz, física, espiritualmente, sobre lo que ocurre en su entorno, para identificar los transgénicos y aislarlos (despuntar la espiga de una planta poco confiable es una de las tantas precauciones). Tenemos que saber qué semilla estamos sembrando, ir depurando cada ciclo nuestra semilla, así iremos desechando el maíz contaminado.

3. El reto es recordar. Entender qué hacían los viejos para conservar la vida. Fomentar la defensa, el reconocimiento e intercambio de nuestras técnicas tradicionales de cultivo (agronómicas, ecológicas, medicinales y otras) incluidos los nuevos conocimientos del cultivo “orgánico”, la agroecología, la permacultura y otras técnicas confiables. Juntar técnicas tradicionales y métodos alternativos de agricultura nos da una herramienta poderosa si además reforzamos la diversidad en las parcelas y el cultivo de traspatio.

4. Para defender al maíz hay que seguir cultivándolo. La mayor amenaza al maíz nativo es que ya se cultiva poco. Hay que diversificar las variedades, sembrar todas las posibles en cada ciclo, pues eso da garantías contra las variaciones de clima, calor y humedad. Es importante sembrar maíz precoz y tardón. Si diversificamos variedades, también hay que diversificar siembras y hacer un manejo de las edades del polen, con eso disminuimos la posibilidad de que semillas no confiables se metan a nuestros terrenos.

5. Es central mantener nuestra identidad como pueblos. La defensa del maíz pasa por recuperar y fortalecer nuestras ceremonias sagradas, el costumbre, nuestras tradiciones y rituales de cuidado y permiso como siempre. Hoy día existe toda esa riqueza porque cada pueblo supo mantener su tradición, porque hubo respeto a la historia y la voluntad de cada comunidad y familia, un respeto a lo sagrado. Si queremos mantener toda esta riqueza tenemos que respetar lo que ha sido nuestro y sagrado durante toda la historia.

6. Hay que mantener la semilla y la tierra. Alguien que pierde la semilla tiene muchas más posibilidades de tener que migrar que alguien que todavía la tiene. Mantener la semilla significa tener buena semilla para uno mismo, para la comunidad, para la tierra a la que uno tiene acceso. Una semilla que responda a las necesidades y gustos de cada pueblo. Si se uniforman los gustos o se tratan de emparejar las necesidades, se pierde la calidad de las semillas: su diversidad.
Hoy existe un ataque contra la biodiversidad. El pueblo que no tiene diversidad se hace dependiente. Se están cambiando las leyes para obligar a los campesinos e indígenas a hacerse dependientes. Para conservar la diversidad tenemos que preguntarnos cómo conservar la vida, qué es lo que la ley permite y qué es lo que necesitamos, con permiso o sin permiso de la ley. Hay que negarnos a las leyes que criminalizan nuestro ahorro y nuestro intercambio milenario de semillas de confianza.

7. Recuperar los saberes colectivos. El maíz jamás puede quedar en manos de un grupo, no importa cuán escogido o comprometido esté. Es imposible que haya una persona, empresa o instituto del Estado que sea capaz de crear semillas que sean buenas para todos.
La diversidad y la calidad de la semilla vienen de que haya miles y miles de campesinos produciéndola. No sólo intercambiamos semillas sino que intercambiamos saberes. Las semillas pueden ser distintas porque todos sabemos cosas distintas. Para que haya semillas diversas tienen que haber saberes diversos. Pero sabemos por pedacitos, y sólo entre muchos se hace un saber grande. La riqueza de variedades no acaba nunca. Cada persona, familia o comunidad por la que pasa una variedad le agrega o cambia algo. No hay que olvidar jamás que todos sabemos. Cuando aceptamos que alguien nos trate como ignorantes, que no sabemos, que no tenemos ideas, estamos aceptando que se pierdan saberes sobre las semillas.

8. Recuperar los suelos. No sólo a nivel de parcela, sino en microregiones o regiones más amplias. Hay que abandonar los agroquímicos y volver a muchos de los saberes antiguos para fertilizar, y a los sistemas que controlaban las plagas sin pesticidas o herbicidas.
Para los pueblos del maíz en México la Revolución Verde fue cuando se hicieron adictos los cultivos y la tierra a una droga que cada vez se necesita más y más y sirve menos y menos. No sólo nos enfrentamos a la contaminación transgénica, sino a la contaminación de los químicos, a las supermalezas y la resistencia de las plagas que tienen roto el equilibrio dentro de las milpas. La tierra está intoxicada, pero también el agua y los peces se han perdido y se han envenenado. En la milpa también hay que dejar alimento para que coman los animalitos que se pueden volver plaga. Ellos también comen y quieren sobrevivir, una comunidad-milpa incluye también lo que no se come o aparentemente estorba o no es útil en principio. Es muy importante convivir con la diversidad de los animalitos.
También hay que frenar la erosión de los suelos. Cosechar el agua y afianzar la tierra para evitar hundimientos y deslaves. No podemos pensar sólo en la parcela, tiene que ser comunitario, regional. Territorial. Alimentar la tierra, plantar cortinas de árboles, hacer retenes de piedras en las faldas de los cerros para juntar la tierra que baja con las lluvias, sólo podemos hacerlo comunitariamente.

9. Cultivos soberanos. En vez de hablar de autoconsumo, hablemos de cultivos soberanos. Es indispensable intentar salirnos, lo más posible, de la economía del dinero. Producir para vender y comprar para comer nos hacen perder la soberanía alimentaria y laboral de los pueblos del maíz. Un pueblo que compra semilla y que compra comida es un pueblo que no se puede mandar a sí mismo.
Tenemos que estar orgullosos de sembrar maíz para que coma la familia, la comunidad, fortaleciendo los saberes de los mayores y las nuevas técnicas integrales que concuerdan con esos saberes y los complementan.
Como no existen ni subsidios ni fomento ni precios de garantía que apuntalen la economía campesina, es vital juntar subsidios autónomos y precios de garantía propios (regionales), tal vez haciendo un llamado a los migrantes y sus organizaciones. Atrevernos a dejar de gastar en productos industrializados que no son indispensables. Pensar cómo regresar a mercados más chiquitos, a maneras de trueque, a intercambios locales, para que encontremos un modo de vida manejable, con respeto por el todo. Por eso es importante que todo lo que produzcan las comunidades se consuma, para que la comunidad entienda que podemos producir nuestro propio sustento.

10. La contaminación transgénica es intencional. A propósito. Y el gobierno pretende que como ya se contaminó, es el momento de permitir la siembra de transgénicos. O puede proponer el exterminio de variedades nativas “contaminadas”, en un discurso de erradicar la contaminación del maíz. Pero no hay que confiar en el gobierno. No podemos permitir que ajenos a la comunidad (laboratorios, fuerzas armadas, empresas, programas del gobierno) lleguen a nuestras comunidades diciendo que van a ayudarnos.

11. Impedir la entrada de semillas de las que no sabemos su historia. Cerrar nuestras fronteras regionales y nacionales a las semillas de fuera, sean híbridas o forrajeras de las industrias, o las de las tiendas gubernamentales. Dejemos de comprarlas y busquemos el intercambio y la comercialización propia, en donde se pueda. Promovamos y realicemos un sabotaje a los paquetes de ayuda alimentaria de los que desconocemos su origen o las intenciones de quienes nos los quieren otorgar. Exijamos que se suspendan las importaciones agrícolas.

12. Rechacemos las leyes injustas de bioseguridad, acceso genético y propiedad industrial, y exijamos que se mantenga la moratoria a la siembra de maíz transgénico estableciendo alianzas para fortalecerla. Rechacemos también los programas de certificación e individualización de tierras. Son una estrategia para exterminar al maíz y a sus pueblos. por eso debemos defender nuestro territorio y el carácter comunitario, colectivo, inembargable, inalienable de nuestras tierras.

13. Es prioridad reforzar la autonomía, la organización comunitaria. La lucha por la defensa del maíz va con la lucha por el territorio y el autogobierno. Cuando la asamblea es la máxima autoridad, podemos impulsar tácticas agropecuarias y ambientales propias. En nuestros estatutos comunales y reglamentos ejidales puede prohibirse la siembra de transgénicos, y establecer una moratoria de facto decretada por los pueblos indios y campesinos en torno al consumo, la siembra y el trasiego de maíz transgénico. Es indispensable buscar la integridad del territorio indígena mediante el equilibrio que lo ha mantenido como territorio.

El maíz y la autonomía
Defender nuestro maíz (el ámbito sagrado donde se le venera, los saberes ancestrales que lo hicieron posible y el margen de autonomía que otorga sembrarlo para el consumo propio), nos permite fortalecer la lucha por nuestros derechos colectivos, nuestro gobierno comunitario y nuestra historia mientras defendemos el agua, el bosque, el territorio y nuestros propios proyectos de bienestar cuidadoso y autogestionario.
Sólo con maíz propio, nativo (no su desfigurada versión transgénica), sembrado para que coma la comunidad dependiendo lo menos posible, se pueden vivir los ámbitos del nosotros: el trabajo colectivo, la justicia propia, el autogobierno, la asamblea, en una vida a contrapelo de los sistemas planetarios.
Una de las finalidades de los transgénicos es hacer que todos los campesinos tengan que comprar semillas todos los años, y para asegurar eso las empresas están inventando una variedad que sólo se cosecha una vez y sus semillas son estériles, conocida como Terminator. Si Terminator contaminara a cualquier otra variedad, la volvería estéril, y significaría la dependencia total hacia las compañías diseñadoras y productoras de semillas, que están patentando más y más variedades.
Se hace urgente entonces que iniciemos un proceso de reflexión que nos dé horizonte de cómo nos atacan los planificadores y los poderes mundiales, las agroindustrias y los gobiernos.
Desde la milpa se ve el mundo entero. Hay que reivindicar lo que significamos los campesinos en un mundo “globalizado” que quiere convertir en industria incluso la agricultura. El maíz y otros cultivos soberanos son el corazón de la resistencia comunitaria contra el capitalismo y sus megaproyectos. Mantener nuestra amorosa relación con el maíz nos permite el resquicio suficiente como para no pedirle permiso a nadie para ser, impulsando una resistencia real, política, social, económica, de saberes, dignidad y justicia. Nos permite un autogobierno con sistema de cargos como servicio, eso que los zapatistas llaman “mandar obedeciendo”. Permite el resquicio necesario para reconstruir nuestro camino propio. Nos hace entender el tejido de relaciones que posibilitan la existencia de este alimento-oficio-relación que es sagrado.
El pueblo wixárika de la sierra de Jalisco en México, lo pone de esta manera:
– Está bien: defender el maíz...
– Para defenderlo tenemos que curar los suelos...
– Entonces hay que dejar de usar los agroquímicos que lo han desgastado. Volvamos a las siembras a la manera antigua.
– Pero entonces debemos buscar que no haya tampoco deslaves ni erosión...
– Para eso ha que reequilibrar el agua...
– Para eso hay que cuidar los bosques, pa’ que detengan la erosión, traigan las lluvias, refresquen con aire bueno la región...
– Pero para eso hay que defender nuestro territorio y emprender acciones en pos de nuestros derechos agrarios y de pueblo...
– Entonces tenemos que tener una organización comunal real, donde quienes sean representantes, de veras obedezcan el mandato de la comunidad.
– O sea reforzar el papel de las asambleas comunitarias, ya no sólo comunales, acercando a las autoridades tradicionales y las agrarias —pues los gobiernos intentaron siempre separarlas.
– Entonces tenemos que tener maíz, para que quienes asuman un cargo no se vean en la necesidad de trabajar, pero que sí sigan anclados a la tierra, como campesinos en iguales circunstancias que el resto de los comuneros.
Entonces existe una especie de círculo mágico: una propuesta de integralidad donde nada puede estar desvinculado. Se trata de la reconstitución integral de las comunidades, de la organización comunitaria. Es el cultivo del maíz como corazón de una resistencia y de la posibilidad de una autonomía, ejerciendo plenamente su territorio en todos los planos: desde el más geográfico hasta el sagrado, en la riqueza de las relaciones humanas y con todo, porque todo está vivo.

Conclusiones
Defender el maíz es defender la vida y la cosmovisión campesina-indígena. Y viceversa. En ese camino, la gente de las ciudades tiene un papel que apenas comienza a reconocer. Este proceso de resistencia ante las agroindustrias y las instancias de planificación mundiales y sus administradores encarnados en los gobiernos, culmina reforzando la visión con horizonte que los pueblos estrenan apenas hace pocos años. El horizonte parece negro, pues el maíz y otros muchos cultivos estratégicos están en riesgo, y como tal la viabilidad del ámbito rural, pero también el de las ciudades. Si la gente de las grandes urbes empata con los campesinos sus reflexiones y su crítica aguda, comenzará a entender la importancia de sembrar sus propios alimentos. En el campo, pero inescapablemente también en las ciudades, aunque ahora no todos lo reconozcan como urgente. Mientras, pese a la violencia y la criminalización, pese a todos los ataques a los pueblos indígenas y campesinos, la esperanza y el maíz siguen vivos.
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jueves 29 de octubre de 2009

Día de Muertos






ORÍGENES DE LA FESTIVIDAD DEL DÍA DE MUERTOS
La muerte en la cultura mixteca, como en la mayoría de las culturas Mesoamericanas, no representa el final de la vida, sino el inicio del camino a una nueva forma de existir junto a los dioses. Más que el hecho de morir, importa más lo que sigue al morir. Y es ese otro mundo sobre el que hacemos representaciones, costumbres y tradiciones, pues ante el camino desconocido que la muerte nos señala, sólo es posible imaginarla con símbolos. Aunque consideraban que el ciclo de la vida culminaba con la muerte, consideraban también que esta última era sólo un paso más en la existencia, por ello debían realizar algunas ceremonias,siendo la más importante la que es conocida actualmente como la Festividad del Día de Muertos, la cual tiene un origen prehispánico. La ofrenda indígena se remonta hace unos mil 800 años antes de Cristo, pues sepultaban a sus muertos con ofrendas específicas. Más tarde, más o menos 1 500 años antes de Cristo, los pueblos sepultaban los cadáveres acompañados con ricas ofrendas de cerámica, alimentos y utensilios personales. Los habitantes de mesoamérica creían que después de morir, continuarían viviendo en otro modo. Los muertos eran enterrados con toda case de objetos que pudieran serles útil en su viaje al Mictlán.

La fiesta de muertos está vinculada con el calendario agrícola prehispánico, porque es la única fiesta que se celebraba cuando iniciaba la recolección o cosecha. Es decir, es el primer gran banquete después de la temporada de escasez de los meses anteriores y que se compartía hasta con los muertos. Así representaban la relación que creían existía entre el ciclo siembra-cosecha y vida-muerte. La existencia en el más allá decían, era de acuerdo con la forma de su fallecimiento, no a la conducta observada en vida, por lo tanto no se temía a castigos posteriores a la muerte.


DÍAS DE LA CELEBRACIÓN


28 de octubre: Se recuerda a quienes perecieron violentamente o a los que murieron al nacer, conocidos como los “abrojos”.
31 de Octubre: Ponen los Altares para los niños y para los adultos en la tarde o en la noche, hay quienes a partir de las 12 del día.
1º de Noviembre: El día de Todos los Santos. El Altar es más que nada para los angelitos que llegan desde las 8 a.m. (Oaxaca) o a partir de las 12 del día (Edoméx). Los cuetes despiden a los “abrojos” y dan la bienvenida a los angelitos. Que se van a las 8 p.m. (Oaxaca)
2 de Noviembre: El día de Los Fieles Difuntos. Se reciben a los adultos, que llegan desde las 8 a.m. y se van a las 8 p.m. (Oaxaca). A esa hora ya pueden recoger el Altar y empezar a repartir la ofrenda. Se van los angelitos a las 12 del día y llegan los adultos. (Edoméx)
3 de Noviembre: Otros recogen este día el Altar a las 12 del día, hora en que se van los adultos y hasta entonces hacen la repartición. (Edoméx) Con la llegada de los españoles, llega el cristianismo los altares u ofrendas tienden a incluir nuevos elementos como: Santos, Cristo, cruces y algunas frutas que no existían en América. Dos de las principales similitudes entre estas dos visiones fueron la creencia de la inmortalidad del alma y el culto a los muertos. Al igual que el hecho de ofrecer presentes, encender velas y quemar resinas aromáticas. Después de la conquista española se estableció en México el día de Todos Santos y de los Fieles Difuntos, por disposición del Papa Gregorio IV.

DESTINOS Y DIOSES
1. El Tlalocan o lugar de Tlaloc; considerado como el paraíso del dios de la lluvia estaba reservado para aquellos que morían en circunstancias o fenómenos relacionadas con el agua: los ahogados, los fulminados por el rayo, de lepra, pulmonía, resfríos, quienes morían accidentalmente, los que se desbarrancaban, a los que les cayó una piedra. El lugar era una suerte de paraíso terrenal donde les recibía Tláloc. En ese lugar pasaban la eternidad cazando mariposas, disfrutaban nadando y comiendo deliciosos frutos o jugando pelota. Ahí reinaba un verano eterno.
2. Con Huitzilopochtli, el dios de la guerra, llegaban sólo quienes morían en combate, los cautivos que eran sacrificados, las mujeres que morían al dar a luz y y los comerciantes que habían perecido en las expediciones mercantiles. Llegaban a la casa del Sol. Ichan Tonatiuh Ilhuícatl (“el cielo que es la morada del Sol”). Morir peleando era para los aztecas la mejor muerte, una muerte deseada. Pues ella otorgaba la posibilidad de acompañar al sol en su diario nacimiento y trascender como pájaros.
3. El Mictlán o lugar de los muertos, sitado en las profundidades de la tierra, reservado para los no clasificados o para quienes morían de muerte natural. Era habitado por dos dioses de la muerte: el señor Mictlantecuhtli y la señora Mictecacíhuatl. El camino de las almas destinadas al Mictlán era muy complejo, pues durante cuatro años debían transitar por distintos lugares enfrentando todo tipo de peligros y visicitudes antes de llegar al Chignahuamictlán, lugar donde descansaban o desaparecían.
Esos lugares de paso al más allá eran: dos sierras que casi se juntan, una serpiente, una lagartija verde (algunos dicen que era un cocodrilo), ocho desiertos, ocho cerros, una zona de vientos helados que cortaban como navajas (por eso les quemaban sus ropas) y por último cruzaban el río Chignahuapan, con la ayuda del perrito con el que eran enterrados. Y así los afortunados que finalizaban con bien su travesía llegaban ante Mictlantecuhtli, a quien entregaban, a manera de ofrenda, manojos de teas y cañas de perfume, algodón, hilos colorados y mantas.
También para que sus almas pudieran llegar a su destino final y vencer las dificultades de su travesía les colocaban a los cadáveres diversos objetos, que les permitían vencer los obstáculos. De aquí viene de manera importante la concepción del Altar de Muertos como ofrenda actual. Durante ese largo viaje, podían detenerse en sus moradas terrenas solamente una vez al año: esa fecha caía a principios de noviembre. Para ayudar a que estas almas errantes recobraran fuerza y ánimos, los aztecas les preparaban un festín con la comida y la bebida que sus difuntos gustaban de tomar en vida.
4. Las almas de los niños pequeños muertos tenían un lugar especial, Chichihualco (la casa de la leche), donde había un bello y frondoso árbol, el Chichiuahuitl (árbol de leche) que como su nombre lo dice de sus ramas goteaba leche, con la cual se alimentaban. Los niños que llegaban aquí volverían a la tierra cuando se destruyese la raza que la habitaba o el quinto sol. Tenían la creencia que ellos sí reencarnaban. Así, una vez más, de la muerte se generaría la vida.
Para los nahuas “cada dios elegía a sus súbditos y los mataba con sus poderes específicos". Había otros dioses que mataban a los elegidos y los llevaban a sus propios reinos. Por ejemplo, la muerte en estado de ebriedad era señal de que Ometochtli (el principal de los dioses del pulque) había escogido a la víctima, y que el destino del muerto era el paraíso de los borrachos. Otro caso interesante es el de Tlazoltéolt, diosa que inspiraba el adulterio y se llevaba a quienes morían ajusticiados por dicho delito. También Tezcatlipoca los aguardaba.

ELEMENTOS DEL ALTAR DE MUERTOS Y SU SIGNIFICADO.
Cada uno de los siguientes elementos encierra su propia historia, tradición, poesía y, más que nada, misticismo.
Elementos imprescindibles para recibir a las ánimas en el Altar de Muertos así como su significado son:

El agua: Representa la fuente de la vida, se ofrece a las ánimas para que mitiguen o sacien su sed después de su largo recorrido y también para que se fortalezcan a su regreso. En algunas culturas simboliza la pureza del alma. Es la que da vida y energía para el camino. En algunos lugares acostumbran poner una jarra y un vaso, preferentemente de vidrio transparente para que se pueda apreciar el contenido. El agua natural aparece como ofrenda en distintas culturas del mundo desde tiempos remotos. Algunas personas creen que al verla el alma se moja los labios resecos por el largo viaje desde el más allá.

La sal: Es un elemento de purificación, sirve para que el cuerpo no se corrompa, en su viaje de ida y vuelta para el siguiente año.

Velas y veladoras: Los antiguos mexicanos utilizaban rajas de ocote. En la actualidad se usa el cirio en sus diferentes formas: velas, veladoras o ceras. La flama que producen significa "la luz", la fe, la esperanza. Sirve como una guía, con su flama titilante para que las ánimas puedan ver mejor su camino, llegar a sus antiguos lugares y alumbrar el regreso a su morada. Se dice que el cirio representa el alma sola. También representan con sus llamas la ascensión del espíritu. Si los cirios o los candeleros son morados, es señal de duelo; y si se ponen cuatro de éstos en cruz, representan los cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino y su casa. En la antigüedad se decía que la luz servía para alumbrar el viaje que hará el difunto por el desierto que tendría que cruzar hasta llegar a su destino final. En lugares como en Xochimilco se acostumbra encender una vela por cada persona y se la llama por su nombre al prenderla. O se ponen tantas velas como son los infantes muertos que la familia aún recuerda.

Copal e incienso:
El copal era ofrecido por los indígenas a sus dioses ya que el incienso aún no se conocía, este llegó con los españoles. Es el elemento que sublima la oración o alabanza. Una fragancia que es un signo de reverencia. Se dice que se utiliza para limpiar al lugar de los malos espíritus y así el alma pueda entrar a su casa sin ningún peligro. También que el humo de éste simboliza el paso de la vida a la muerte. Algunas personas aún utilizan incensarios o en su defecto pequeños anafres o braceros. Se sirven de cote en rajas y o carbón de madera para poner en ellos pedazos de copal y ensomar el lugar.

Las flores: Son la bienvenida para el alma, la flor blanca representa el cielo; la flor amarilla, la tierra y la morada el luto. Y el rojo de la "mano de león", o también llamado “gallito” o “cresta de gallo”, significa específicamente la expresión de la sangre de Cristo y la Resurrección, así como la vida humana y animal. Son un símbolo de festividad por sus colores y estelas aromáticas. Adornan y aromatizan el lugar durante la estancia del ánima, la cual al marcharse se cree se irá contenta. En algunos lugares el alhelí y la nube no pueden faltar pues su color significa pureza y ternura, y acompañan a las ánimas de los niños. Las flores de cempasuchil por lo general recuerdan el alma del difunto, ya que es la tradicional flor de muertos, su color es amarillo/o anaranjado se dice que representa la fuerza de la luz del sol y de la vida. Viene del náhuatl: cempoalxochitl que quiere decir “flor de 20 o más pétalos”, “veinte hojas” o "veinte flor”. Se dice que es efeméride de la muerte y que también simboliza la tristeza.

Caminos de pétalos: En muchos lugares del país se acostumbra poner caminos de pétalos, por lo general con flor de cempasúchil deshojada, desde la puerta de la entrada hasta el Altar que sirven para guiar al difunto del campo santo a la ofrenda y viceversa. Representa así el camino del color y olor que trazan las rutas a las ánimas, que por su color encendido como el sol sirve para iluminar y orientar el alma del muerto para que no se extravíe.
El pan: Es un símbolo que funge como un ofrecimiento fraternal. La iglesia lo presenta como el "Cuerpo de Cristo". Recuerda el alma del difunto y simboliza toda una tradición. Es un pan que se elabora en distintas regiones del país especialmente para esta Festividad. La pieza tiene forma redonda, para simbolizar una tumba; el núcleo, en la parte superior, representa la base del cráneo, los adornos laterales, los huesos de las extremidades; y es adornado con azúcar roja que simboliza la sangre. En algunos lugares como en Xochimilco es en forma de difunto y lleva un nombre. Para el Altar de los “difuntitos” se elabora un pan en piezas pequeñas y es el que se pone especialmente para ellos.

Retrato o fotografía del muerto/a: El de la persona a quien se dedica el tributo y cuya ánima nos visitará. Es un recordatorio de nuestros seres queridos. En algunos sitios se dice que éste debe quedar escondido y no a la vista, de manera que solo pueda verse con un espejo, para dar a entender que al ser querido se le puede ver pero ya no existe.
Imágenes religiosas: De santos de la devoción tanto del difunto como de la familia. Se colocan para que sirvan como medio de interrelación entre muertos y vivos, ya que en el altar son sinónimo de las buenas relaciones sociales. Además, simbolizan la paz en el hogar y la firme aceptación de compartir los alimentos.

El platillo o la comida favorito: La buena comida tiene por objeto deleitar al ánima que nos visita. Con estos alimentos se trata de agradar el difunto compartiendo los que más le gustaban y ser gratos a su buena voluntad. En el Altar está constantemente presente una estela de aromas, representando el banquete de la cocina en honor de los seres recordados. El mole con pollo, gallina o guajolote, es el platillo favorito que ponen en el altar muchos indígenas de todo el país. En algunos otros lugares acostumbran poner una o varias cazuelas con comida. Acompañándolas con un chiquihuite o tortillero. Los platillos varían de acuerdo a las regiones del país en donde se esté celebrando esta festividad.

Bebidas como el chocolate, el atole y el café: Son parte de las bebidas tradicionales que los vivos acostumbran tomar en esos días, especialmente el chocolate ya sea de agua o de leche; con lo cual se convida a los difuntos a deleitarse de estas bebidas y con mayor razón si en vida ellos también gozaban de su sabor. La tradición prehispánica dice que los invitados tomaban chocolate preparado con el agua que usaba el difunto para bañarse, de manera que los visitantes se impregnaban de la esencia del difunto.

El licor y los cigarros: Es para que las ánimas que en vida gustaron de las “bebidas espirituosas” y/o de los cigarrillos recuerde los grandes acontecimientos agradables durante su vida. Hacen la función de saciar la sed del muerto y darle también el gusto de tomarse un buen trago. Algunas personas acostumbran poner la botella del licor preferido, otras sirven una copita y así la dejan en el altar, dependiendo de la bebida que sea la acompañan con un salero, y con un platito con limón partido.

Papel picado: Es un adorno para el Altar que da colorido y representa la alegría de vivir. Muchos de sus diseños son artesanales y en ellos están estampados motivos relacionados con la muerte. Algunas personas las ponen como cortinas, carpetas o manteles para adornar las paredes cercanas al Altar y/o cubrir las mesas o los niveles del altar. Los colores usados en estos adornos tienen su significado: el color morado o rosa oscuro se usa en señal de duelo. El morado es representativo del luto cristiano. Y el color naranja del luto azteca. El papel picado color negro en diseños geométricos es negro hace referencia, en la religión prehispánica al Tlilán, el lugar de la negrura, y al Mictlán, es decir el sitio de los muertos.

“Entierritos” o figuras con la forma de un esqueleto: antiguamente eran mucho más conocidos los "entierritos" que eran representaciones de figuras humanas cuyas cabezas eran de garbanzos y con el traje de papel negro, simulando al difunto y a los padres trinitarios, que eran quienes se encargaban de llevar los cadáveres de la gente humilde al camposanto. Es muy fácil encontrar representaciones con esqueletos en varias formas, son muy populares las que tienen una ambientación de acuerdo a diferentes profesiones y oficios; algunas son verdaderamente chuscas. Se representan en estas artesanías desde bebés hasta ancianos, todos “calacas”. Ambas artesanías acompañan el adorno del Altar y le dan un toque humorístico.
Las frutas naturales y las frutas en dulce: Son la ofrenda que nos brinda la naturaleza. Generalmente son frutas de la temporada que varían de acuerdo a las regiones. Son una manera de enriquecer el disfrute de las ánimas que vienen a saborear de los “olores” de las mismas. Porque se dice que es a través de los aromas que despiden tanto las frutas como la demás comida que ellas se alimentan. En algunas regiones como en el Istmo de Tehuantepec acostumbran colocar cuatro banderas de papel picado metidas en naranjas. Las naranjas o las frutas con banderas significan la libertad que la muerte da. Por otro lado cuando las frutas en conserva o en dulce tienen la función de endulzar el “paladar” de las ánimas y son un elemento para aumentar su disfrute.

Objetos personales del muerto/a: Algunas personas gustan de colocar aquellos objetos que fueron los favoritos o preferidos del difunto, los cuales, se cree que llevará a su viaje. Y dependiendo de su afición o del trabajo que desempeñó se ponen en la parte baja del Altar aquellas cosas queridas por ellos. En algunas lugares se acostumbra poner en el último nivel ropa limpia para recibir a las ánimas, para que se cambien y se quiten del polvo del camino, y se encuentren más cómodas durante su estancia entre sus familiares.

Niveles de la o las mesas para base del altar: es muy común que el Altar se estructure en diversos niveles. Que por lo general son tres. Para su construcción se pueden utilizar mesas de diferentes tamaños o incluso tablas. En el nivel superior al centro del altar, es usual colocar una fotografía del difunto al que se dedica el Altar. En el nivel intermedio suele ponerse comida, golosinas y cosas que gustaban al muerto. En la parte inferior, además de leña, carbón, un brasero o tres piedras empleadas como piragüas para formar un fogón, se coloca agua y una cruz de ceniza. Con la llegada de los españoles llega el cristianismo, por lo que los altares u ofrendas sufren algunos cambios como fuero colocar imágenes religiosas de santos, Cristo, cruces y también algunas frutas que no existían en América. Dentro de la doctrina cristiana los tres niveles del Altar representan a las tres divinas personas: Padre, Hijo y Espíritu santo. Cada nivel es cubierto con un mantel bordado o deshilado, papel de china, plástico y cubierto también por flores de muerto las cuales forman una alfombra sobre la que se va depositando toda la ofrenda.

Juguetes y dulces: En el altar de los “difuntitos” se acostumbra poner juguetes, que en algunos lugares aún son de barro; para que estas almitas tengan con que jugar y divertirse más durante el tiempo que van a acompañar a sus vivos.

Los arcos de caña: En algunos lugares de la República, como aquí en ciertas comunidades de Oaxaca el Altar es adornado principalmente por un arco de carrizo o de caña de azúcar cubierto con flores multicolores de cempazúchil; y el arco sostiene hilos de los que cuelgan mandarinas, naranjas, limas y plátanos. La cantidad de arcos varía de dos arcos a cuatro; a este conjunto suele llamársele portada o retablo. El arco habla del deseo, de quienes viven en la tierra, de unirse a los que ya habitan en el cielo, a los que ya no morirán otra vez.

“Si en todas partes estás, en el agua y en la tierra, en el aire que me encierra y en el incendio voraz; y si a todas partes vas conmigo en el pensamiento, en el soplo de mi aliento y en mi sangre confundida, ¿no serás, Muerte, en mi vida, agua, fuego, polvo y viento?” (Xavier Villaurrutia, “Décima muerte”).

O.D.H. y Tanatóloga Aida María Castro Morales.


Remedios Caseros para el Control de la Diabetes

Remedios Caseros para la Diabetes y control de azúcar: Aguacate, Algas Marinas, Amaranto, Canela, Chaya, Espirulina, Genciana, Higuera, Ispagula, Levadura de Cerveza, Neem, Nopales, Picolinato de Cromo, Salvia, Stevia, Tronadora, Vincapervinca, Zapote.

Agave - La Miel de Agave o Agave Néctar es un endulzante natural con un bajo indice glicémico y las personas que tienen diabetes, la pueden usar en su dieta con moderacion.
Aguacate - El aguacate disminuye el azúcar en la sangre y ayuda a adelgazar. Las hojas del aguacate sirven para aliviar dolores menstruales, asma y bronquitis. La fruta cura la disentería: enfermedad del intestino cuando se inflama y causa dolor abdominal, fiebre y diarrea con sangre.
Algas Marinas. Ayudan a controlar el peso, dan alta potencia, previenen el cáncer y el envejecimiento, bajan el colesterol, combaten la diabetes y son un buen complemento nutricional. Amaranto. Tiene muchas proteínas y un alto contenido de aminoácidos esenciales. Ayuda a la diabetes, control de la obesidad, presión alta, estreñimiento y diverticulosis.
Canela. Ayuda a reducir vómitos, nauseas, diarrea y tiene buenos efectos para controlar la diabetes mellitus tipo 2, ayudando a bajar el azúcar en la sangre.
Chaya - La Chaya o planta milagrosa de los Mayas ayuda a combatir la diabetes y se usa como antiinflamatorio, mejora la circulación, la digestión, la visión, ayuda a bajar el colesterol y reducir de peso. Ayuda a prevenir la tos y descongestiona los pulmones. Previene la anemia y sirve para mejorar la memoria.
Espirulina - El Alga Espirulina ayuda a controlar el peso, da alta potencia, previene el cáncer y el envejecimiento, baja el colesterol, combate la diabetes y es un buen complemento nutricional. Al concentrado de Algas Espirulinas los aztecas lo tomaban y llamaban: Tecuitlatl que significa polvo de piedra. La espirulina es parecida al limo, es un alga azul-verdosa.
Genciana - Ayuda al raquitismo, reumatismo, artritis, gota y tónico estomacal. Combate la diabetes.
Higuera - Reduce el nivel de glucosa en los diabéticos.
Ispágula - Las cáscaras de las semillas de psyllium o ispagula se usan para tratar el estreñimiento, divertículos, intestinos irritados, ayuda a controlar la diabetes y a bajar el colesterol.
Levadura de Cerveza - Se utiliza contra la foruncolosis, catarros gastrointestinales, tuberculosis, estreñimiento y diabetes.
Neem - Hojas de Neem. Controla y combate la diabetes y enfermedades de la piel. Ayuda a combatir las molestias de la gripa y alergias.
Nopal - Ayuda a la disminución de peso y reduce las concentraciones de glucosa (diabetes), colesterol y triglicéridos en la sangre.
Picolinato de Cromo -Ayuda a metabolizar la glucosa en la sangre. El cromo ayuda a la insulina a que la grasa se metabolize. El Picolinato de Cromo tambien ayuda a reducir y mantener el peso.
Salvia - La salvia combate los resfrios y ayuda en problemas de boca y garganta. Para inflamaciones, amigdalitis y se usa para el control de expulsión de leche materna. Baja los niveles de glucosa y ayuda a controlar la diabetes. Controla la nausea y ayuda a la digestion.
Stevia - La stevia es un endulzante sustituto del azúcar apto para diabéticos que no proporciona calorías, previene la caries, es antibacterial, regula el ritmo cardiaco del corazón, reduce el cansancio y no contiene sacarosa. La estevia también sirve para tratar el acne y limpiar la cara de todas sus impurezas. estevia. estebia.
Tronadora - Buena para combatir la diabetes.
Vincapervinca - Se utiliza para el tratamiento de la diabetes, diarrea, la hipertensión, llagas, falta de apetito y anemia.
Zapote - Se utiliza para combatir el insomnio y controlar la diabetes. Untado sirve para curar el salpullido, la sarna y la lepra.
http://www.mexgrocer.com/remedios-caseros-diabetes.html

Chaya y diabetes

Los estudios químicos y las evaluaciones biológicas preliminares del extracto metanólico de las hojas de chaya sugieren la presencia de compuestos con características fenólicas capaces de disminuir considerablemente los niveles de glucosa en condiciones de hiperglicemia. En este contexto, el presente proyecto de investigación contempla por una parte, la realización del estudio fitoquímico biodirigido del extracto metanólico de las hojas de chaya (cnidoscolus chayamansa mc. Vaugh) y por otra parte la evaluación biológica de los principios activos aislados. Para la evaluación de la actividad hipoglucemiante y la determinación del mecanismo de acción de los compuestos puros sobre la señalización de insulina se propone utilizar modelos de animales a los cuales se les ha inducido químicamente la diabetes utilizando compuestos citotóxicos que actúan sobre las células beta pancreáticas (por ejemplo estreptozotocina) y animales genéticamente alterados que simulan características de resistencia a insulina como es el caso de las ratas obesas zucker las cuales presentan hiperlipidemia e hiperinsulinemia y larvas de Drosophila melanogaster de un fondo genético sensibilizado para la diabetes (chico). A la fecha no se ha reportado el contenido químico de la especie objeto de estudio y mucho menos se han publicado compuestos aislados de chaya con actividad hipoglucemiante. Este trabajo de investigación no sólo contribuir al aislamiento de compuestos con actividad hipoglucemiante de una especie mexicana, sino también se incursionará en el estudio de productos naturales nutracéuticos con el objetivo de aislar agentes químicos naturales que potencialmente puedan ser usados como aditivos en alimentos.

Chaya, aportación de los mayas...




La Chaya, su nombre botánico es Cnidoscolus Chayamsa, es la gran contribución de los Mayas al mundo. Era consumida en una mezcla de maíz y semillas de calabaza. Este alimento lograba el equilibrio nutricional por siglos constituyendo la fórmula magistral para el alimento de los mayas. Es rica en vitaminas y tiene grandes beneficios medicinales. Actúa favorablemente sobre múltiples dolencias del organismo, sin producir efectos negativos.
La Chaya proporciona enormes ventajas al organismo humano, entre sus beneficios está la regulación de la presión(hipertensión-hipotensión), mejora la circulación sanguínea(varices), reduce el peso(obesidad) y aumenta el calcio(osteoporosis), por lo que muchas personas en nuestro país, la consumen como planta medicinal.
Esta planta actúa favorablemente sobre las dolencias del organismo humano, sin producir efectos negativos.
La chaya, es una de las plantas preferidas por la gente de la región maya, puesto que se cree tiene en sus hojas un contenido proteínico muy nutritivo y es buena para la alimentación, además, es un producto que se cultiva en todas partes y cuyos variados guisos complacen al paladar más exigente.
Una investigación arroja que la gran mayoría de la gente maya cocina de muy variadas formas esta planta, la cual consideran también como curativa, pues además de que es fácil conseguirla es muy saludable en su consumo.
La señora Estela Chan, platica sobre las virtudes que tiene la Chaya, por lo general dice, “a mi familia le gusta comerla en pipián, pero también hay otras formas de cocinarla por ejemplo; comerla con pepita molida y limón, brazo de reina, en tamales, con huevo, fritos con tomate y cebolla, en X kabic, con frijoles y de mil maneras”.
Algo que ayuda al metabolismo del ser humano, es sin lugar a dudas la chaya, además de ser muy económica, es muy nutritiva, la gente de la zona maya la elige en su dieta y es común verla comer en las comunidades, la chaya como se refiere doña Eustaquia Kauil con tortillas hechas a mano sabe bien rica”.
En tiempos de ayuno, cuando precisamente en esas fechas se prohíbe comer carne, la chaya entra de inmediato como el alimento substituto entre las familia mayas, pues además de ser un nutriente, su consumo es importante porque se dice cura algunas enfermedades.
En donde quiera, siempre la encuentras por su facilidad de cultivo, auque hay que señalar que en la actualidad se va perdiendo esta tradición pues a las nuevas generaciones están siendo invadidas por la globalización y la chaya no les llama mucho la atención.
La chaya inclusive es un agradable refrescante para la sed ya que, la gente también la prefiere como refresco y la prepara con hielo o licuado; así que a partir de ahora no pierda la oportunidad de disfrutar de este exquisito manjar de los dioses como dicen los abuelos comer chaya te conserva la vida.
Este producto debe de ser rescatado por medio de proyectos que estén orientados hacia la población maya, la cual les permita tener un conocimiento más amplio sobre las virtudes de la planta, para preservar esta tradición y para el cultivo inmediato de la planta.